Las piezas del puzzle

Escrito por lavidaexagerada 28-01-2009 en General. Comentarios (0)

En 1936 mi abuelo paterno tenía 16 años. Pocos meses después del golpe de estado, en la casa familiar, la misma en que yo nací, se produjo una escena terrible que él solía contarme siempre como si fuese la primera vez.

Mi abuelo tenía un hermano mayor y no por casualidad, su nombre es hoy el de mi padre y el de mi hermano. En nuestra familia, campesina pero orgullosa, habían conseguido que estudiase y cuando estalló la guerra, con apenas veinte años, pronto se convirtió en capitán del ejército repúblicano.

La historia, que entiendo idealizada en su memoria, es la siguiente:

 

Una tarde, a la hora del café se presentaron en la casa cuatro guardiaciviles. Saludaron a mi Tatarabuelo y le dijeron que venían a llevarse a su nieto. Si no era así, se lo llevarían a él y deberían atenerse a las consecuencias (esa es otra historia). Mi Tatarabuelo, con gran aplomo les acompañó a la Sala y les invitó a un café, dispuesto a acompañarles.

 

En otro rincón de la casa mi abuelo escuchaba a su hermano:

-No te preocupes. Los ideales por los que luchábamos ya no podrán ser. Voy a estar bien.

Después se dirigió a la sala y saludó: -“Señores”, mientras dejaba su pistola sobre la mesa.

No le volvió a ver.

 

Cincuenta años más tarde acompañé a mi padre y a mi abuelo en algo que con los años he podido comprender. En el exterior del cementerio municipal mi abuelo recogió los restos de su hermano y juntos, los llevamos al panteón familiar.

No hubo rezos ni palabras, pero recuerdo nítidamente su mirada.

 

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